Testimonios

LA DANZARINA QUE NO PARO DE CONFIAR.

Conozco a Erika y a su esposo, es más en Junio de 2016 ya se graduaron de líderes de grupos hogareños, después de haber estudiado y dirigir exitosamente el ministerio.
También mi esposa y yo hemos visto como Erika sirve a Dios danzando en el altar de la Iglesia con mucho amor para la gloria de Dios.
Siempre nos ha llamado la atención cómo en medio de grandes dolores en su cuerpo ha danzado con dedicación y fervor, al verla no podemos más que pensar que al hacer esto, está ofreciendo sacrificio de alabanza a Dios. Normalmente toda persona con una enfermedad tan grande y tan grave debería guardar reposo absoluto, pero Erika en lugar de ello siguió como el salmista David, danzando con toda su fuerza.
Espero que este testimonio le edifique y le anime a confiar en Dios y en los milagros que Dios hace permanentemente en su pueblo.
En nuestros archivos reposan todos los certificados médicos que Hospital Universitario del Valle ha generado, los cuales revelan la milagrosa recuperación de Erika.
Dejamos pues que ella relate ese milagro en sus propias palabras:
Hoy contaré un nuevo comienzo en mi vida donde el actor de mi felicidad se llama Jesús, el hacedor de milagros.
Yo soy Erika Isabel Carvajal, una joven de 23 años, casada hace 6 años con un gran hombre llamado Jair Becerra.
Hace tres años mi vida cambió pues conocí a Dios, y todo comenzó en Septiembre 29 de 2013, donde se me dio una promesa por medio de un profeta. Me declaró que mi vientre seria fructífero y que de allí saldría herencia de Dios.
Esa palabra fue de bendición pues con mi esposo no habíamos podido tener hijos. Sin embargo, después de un mes decidí ir donde el médico para que me revisara, me hicieron varios exámenes los cuales revelaron que tenía ovarios poliquisticos y por eso no podía quedar en embarazo.
El reporte fue algo muy duro para mí, no entendía, pero después comprendí que el enemigo jamás querrá que las promesas de Dios se realicen, mi esposo y yo nos acercamos más a Dios, declarando sanidad sobre mi vientre.
Los médicos nos decían que era mejor tomar medicamentos para que los quistes desaparecieran, eran medicamentos que tendría que tomar por meses o años. Yo empecé a declarar mi sanidad y a rechazar esas palabras y efectivamente Dios hizo el milagro, pues el 05 de Febrero de 2014 tenía otra vez cita para empezar a tomar los medicamentos. Ese día decidieron hacerme otro examen y encontraron que mis ovarios estaban completamente limpios y sin ningún quiste. Después de esto mi esposo y yo descansamos en Dios confiando de que la promesa llegaría en el tiempo propicio. Pasó un año lleno de bendiciones, Dios nos sorprendía de una manera especial, pero ahí no terminó todo, el 31 de Enero de 2015 me hicieron la citología donde me salió una lesión escamosa intraepitelial de alto grado “Lei ag (Nic II, Nic III, Ca, In, Situ). Decidieron hacerme una biopsia y el resultado fue inesperado: me diagnosticaron cáncer de cerviz. Desde ese momento mi vida giró, sabía que ya no dependía de los médicos sino de Dios, pues durante ocho meses los médicos decidieron hacerme exámenes y exámenes donde los diagnósticos no eran alentadores. Los médicos decían que era necesario una quimioterapia para secar el cáncer, pero nunca me pudieron hacer ese procedimiento porque siempre bajaba de peso a tal grado que hacerme una quimioterapia no era aconsejable por mi extrema delgadez.
Después los médicos decidieron que era mejor operarme para quitarme el útero, pero ordenaron mas exámenes, pensé que mi vida iba a terminar ahí, pues mi cuerpo cambió, mi cabello se caía demasiado, tenía mucho dolor pélvico y aun así los médicos me decían que era normal lo que me estaba pasando, que era el principio del cáncer. Ese proceso fue muy duro para mi esposo y yo. Mas sin embargo a pesar de todo eso le seguimos creyendo y le servimos con más fe de que Él iba a intervenir en mi vida una vez más. Pasaron ocho meses y el tiempo de Dios llegó pues los médicos decidieron hacerme el último examen donde determinarían si me podían operar.
El 3 de Noviembre de 2015 tuve cita, los oncólogos se reunieron y revisaron los resultados de los exámenes y desde ese momento los minutos se hacían horas, pues tenía mucha expectativa de lo que Dios iba hacer, pues días antes me había regalado una palabra en Jn 11:4 “Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.”
Confié en esa palabra, me aferre en ella y fue efectiva, pues lo médicos terminaron de revisar los exámenes y me dijeron que “el cáncer ya no estaba”. Mi esposo y yo quedamos sin aliento, el medico solo me dijo: “yo no sé qué pasó, pero ese cáncer ya no está, puedes estar tranquila pues tu útero está totalmente sano” y hasta declaró que yo iba a tener mis hijos sin ningún problema. Ellos quedaron de revisarme dentro de seis meses para control y ya pasaron los seis meses y mi citologia salió bien, gracias a Dios. El cáncer no existe más en mi vida.
Pude dar mi testimonio en la Iglesia y pude bendecir a muchas personas por la cual la fe de muchos fue activada.
Después de ese testimonio tan grande, un martes de madrugada tuve un sueño:
“Una voz me decía que el enemigo ha venido para robar, matar y destruir, pero que Él había venido para darme vida y vida en abundancia”. Yo me desperté, ore a Dios y seguí durmiendo, cuando a las 9:00 de la mañana tuve un dolor torácico y vomite sangre. Me llevaron a la clínica, me hicieron un examen de tac de tórax y el cual mostraba masas muy pequeñas en mis pulmones, por lo cual lo médicos decían que podía ser cáncer. Yo neutralizaba esas palabras a través de la oración. Luego me hicieron un examen donde sacaron una muestra de mis pulmones y gracias a Dios no era cáncer, decían que era tuberculosis, me aislaron con medicamentos y aparatos respiratorios, pero yo seguía confiando en Dios en que no era tuberculosis. Estuve hospitalizada 10 días y ellos al ver que los exámenes salían negativos para tuberculosis decidieron darme de alta con muchas condiciones.
No podía agitarme, ni caminar mucho, no podía saltar, ni nada que tuviera mucho movimiento en mi cuerpo, pues mi pulmón no aguantaría tanto movimiento de fuerza, pero el Espíritu Santo me decía que el enemigo estaba buscando la manera de matarme por causas de tantas almas que fueron bendecidas y animadas por mi testimonio. Ahora después de todo eso y de seguir confiando en Dios tengo fuerzas de moverme y más ganas de danzar. Ahora todo ha salido bien, hoy en día disfruto más de Dios y agradecida con mi Jesús por darme otra oportunidad de vida…… hoy mi cambio es para bien, mis lágrimas se terminaron, ahora hay gozo en mi corazón…..

Espero ser bendición para ti……..