VENCIENDO GIGANTES EN LA TIERRA PROMETIDA

Por: A. Jorge Villavicencio

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Cuando Dios hablaba de la tierra prometida en el Antiguo Testamento, tenía que ver con bendición material, no necesariamente bendición espiritual. Cuando se habla modernamente de la tierra prometida, también tiene que ver con eso de la prosperidad y de la fortaleza económica.

 

Dt 8:7-10 “Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes sacarás cobre. Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.”

 

Gen 6:6 “Y se arrepintió Jehová de haber hecho al hombre en la tierra, y le dolió en su corazón.”

 

Uno de los grandes misterios de la antigüedad es el origen de estos seres humanos de extraordinaria estatura. Una de las teorías de su origen es la de ciertos teólogos.

 

Nunca fue la voluntad de Dios que estos gigantes ocuparan la tierra prometida; por tanto, Dios decretó su exterminio.

 

El libro de Enoc, que no ha sido aceptado en el canon de la Biblia, pero que de todas maneras es citado en el libro de Judas; revela que un ángel caído llamado Azazel se materializó junto con muchos otros ángeles porque tenían deseos de tener relaciones sexuales con hermosas mujeres y como resultado de esa unión salieron estos gigantes, los cuales son llamados Nefilim en la Biblia.

 

Según el libro mencionado, estos gigantes enseñaron a la humanidad armas de guerra, ocultismo y promiscuidad sexual, por lo cual, Dios tuvo que mandar el diluvio universal para acabarlos, pero como no se logró del todo exterminarlos, Dios delegó a tres grandes personajes: Moisés, Josué Y David para que los combatieran; siendo este último, el que acabaría todo vestigio de estos seres  misteriosos.

 

 

  • LA DERROTA DEL GIGANTE BARRENDERO

 

 

En el libro de Deuteronomio, Moisés pronuncia un discurso en el cual relata cómo juntamente con el pueblo de Israel, erradicaron este gigante llamado  Seón, cuya etimología significa “El que barre.”

 

Deut 2: 26-31 “Envié mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehón, rey de Hesbón, con estas palabras de paz: “Pasaré por tu tierra por el camino; por el camino iré, sin apartarme a la derecha ni a la izquierda.  La comida me la venderás por dinero, y comeré; el agua también me la darás por dinero, y beberé; solamente pasaré a pie, como me han dejado hacer los hijos de Esaú que habitaban en Seir, y los moabitas que habitaban en Ar, hasta que cruce el Jordán y llegue a la tierra que nos da Jehová, nuestro Dios.” Pero Sehón, rey de Hesbón, no quiso que pasáramos por su territorio; porque Jehová, tu Dios, había endurecido su espíritu y obstinado su corazón para entregarlo en tus manos, hasta el día de hoy. Entonces me dijo Jehová: “Yo he comenzado a entregar delante de ti a Sehón y a su tierra. Empieza a tomar posesión de ella, para que la heredes.”

Notemos que el texto revela que Moisés quería simplemente atravesar el territorio en que reinaba Hesbón, una confederación de muchas ciudades, era un país completo.

 

Este gigante pudo haber sido más sabio, él pudo aceptar el comercio de tres millones de personas que pasarían por el camino real  y hacerse rico, pero prefirió atacarlo y Moisés comanda el ejército israelita y lo derriba, quitándole todo su ganado.

 

El cristiano también es llamado a combatir los espíritus barrenderos Efesios 6:11-12, son espíritus que tratan de barrernos de la faz de la tierra.

 

A nuestro pastor de Buenaventura, un vecino peleando por tierra por linderos  lo agredió con un machete pero el machete apenas lo tocó y no le hizo ningún daño al pastor; ahora la situación está pacífica.

 

Si quiere aceptar a Cristo en su corazón, haga esta oración:

Señor Jesús, reconozco con toda sinceridad que he cometido pecados que me han alejado de Tí; te pido perdón por todas mis transgresiones, y te ruego que me limpies con tu preciosa SANGRE.

Abro mi corazón a ti, JESÚS, te acepto y te reconozco como mi Señor y Salvador, para poder disfrutar de esa vida abundante que tu alcanzaste para mí en la CRUZ.

AMÉN.

Ahora que ha aceptado a Cristo en su corazón, le felicito, le doy la bienvenida a la familia de Dios y le animo a que se vincule a pertenecer a nuestra iglesia MCM para seguir a CRISTO  y aprender de sus importantes enseñanzas que le conducirán a una vida próspera y bendecida en todo sentido, su amigo.

Jorge Villavicencio Rosales

Apóstol y presidente de la Misión Carismática Al Mundo